— 27 aprile 2018

da Ernesto Gonzalez Stivala

Il contributo di uno specializzando in psichiatria di Buenos Aires a seguito dell’esperienza di volontariato nei servizi di salute mentale di Trieste  nei mesi di gennaio e febbraio 2018.

 

El mejor lugar en el mundo para sufrir de un trastorno mental

La principal característica positiva del sistema de salud mental triestino es el acento que se pone sobre la calidad de vida de los pacientes. Dentro de los diferentes proyectos de inserción laboral, pero sobre todo social, se puede apreciar esta ventaja que tienen los usuarios de la ciudad y que la vuelven, como dijo Allen Frances: “el mejor lugar del mundo para padecer un trastorno de salud mental”.

Al respecto, creo que todas estas conquistas deben ser puestas en el plano de los derechos humanos y no sólo en el plano de la práctica médica. Si esto se llevara adelante, entonces una política de derechos humanos necesita de visibilidad para su defensa en el tiempo, necesita ser apropiada por toda la ciudadanía.

Pero se aprecia una falta de recursos frente a la cantidad de trabajo que hay por hacer cada día en el territorio, sobre todo, recursos humanos, que puede llevar a una sobrecarga y agotamiento de los actuales operadores, afectando su forma de trabajo en la interacción con el otro. 

El riesgo es visible: la mayoría de las personas que no se ven relacionadas directa o indirectamente con el DSM desconocen la importancia de lo que se hace, desconocen incluso el trasfondo histórico y su relevancia a nivel mundial. El desconocimiento puede ser siempre el caldo de cultivo del miedo y de la antipatía, en este caso hacia la situación de los usuarios del DSM. 

Con la falta de involucramiento por desconocimiento de la sociedad, el sistema de salud mental queda expuesto a que eventualmente se llevara adelante una campaña para redireccionar los recursos, para llevar adelante recortes presupuestarios y modificaciones que harían retroceder todo este trabajo por parte de gestiones políticas que tengan otras intenciones que financiar la salud de un sector prácticamente improductivo de la sociedad. Es decir, se pone en riesgo el proyecto a largo plazo sin la capacitación de nuevas camadas de ciudadanos conscientes de lo que implica el sistema de salud mental de FVG.

Existe una herramienta que quisiera introducir como propuesta, y es la publicidad. Hacer conocer de forma masiva a la población qué significó el cierre del manicomio, por qué la defensa de estas conquistas es la defensa de los derechos humanos. Los ejemplos que tengo en mente son: la formación en las escuelas alemanas desde el jardín de infantes sobre lo que fue el nazismo y por qué no puede volver a ocurrir; el mismo trabajo que se hace en la Argentina con respecto a la última dictadura militar; el propio trabajo de formación ciudadana que hacen los judíos al interno de su colectividad con respecto al holocausto. Se pueden realizar proyectos en conjunto con facultades de ciencias sociales y de arte de la Universidad, así como con aquellas instituciones de formación docente. Crear un día al año al menos en el que se hable en conmemoración en las escuelas, combinándolo con campañas publicitarias destinadas a la ciudadanía adulta, como las campañas antitabaco o de promoción del reciclaje. De nuevo, un aliado muy útil puede ser la universidad.

El hecho de que ya no se formen más residentes en Trieste, según nos fue dicho, es otro factor más que pone en riesgo la salud del sistema. ¿Cómo se forman los médicos que van a trabajar en Trieste? ¿Cuánto conocen y cuánto entienden sobre el sistema de salud y su importancia de adoptarlo como algo propio? Y algo muy similar ocurre en la carrera de psicología donde aparentemente no se tienen discusiones acerca de esto. Me hace volver a pensar en que todo se reduce al convencimiento militante de una camada excepcional.

Quizás dentro de unos 20 años empiecen a formarse médicos triestinos que eligen este camino a partir del convencimiento de que su aporte puede significar muchísimo.

La manicomialización está basada en la estigmatización, en esa imagen inabarcable y terrible de nuestra propia falla como personas, como sociedad. Los pocos avances, o lentos en comparación al resto de las disciplinas médicas, contribuyen a esto. El manicomio aparece como la alfombra debajo de la cual esconder el polvo que, de otra forma, difícilmente pueda manejarse. 

Se contrapone una visión distinta a esta. La desinstitucionalización es una alternativa, y la forma de entenderla, de embarcarse en ella, debe estar cimentada sobre el conocimiento del padecimiento de las personas. El conocimiento científico para entender el sustrato biológico de las patologías y así buscar la terapéutica adecuada, así como el conocimiento estrictamente humano, que nos permita fortalecer la empatía con el otro. En esto, el DSM tiene muchísimo que decir, y sobre todo tiene con qué meterse en la discusión global, esa que se rige con el método científico. ¿De qué manera? El encuentro entre ciencia básica y práctica territorial para insertar a Trieste en un plano de discusión global, a partir de la medicina basada en la evidencia. Cuán mejor es esto que se hace acá respecto a lo que se hace en otras partes del mundo es medible. Quizás resulte irrelevante para muchos esta medición, pero no lo será para quienes tengan acceso a este conocimiento y que hoy por hoy no saben de su existencia.

[In italiano]

Il luogo migliore al mondo nel quale soffrire di un disturbo mentale

La principale caratteristica positiva del sistema di salute mentale triestino è l’enfasi posta sulla qualità della vita degli utenti. Tra i diversi progetti che mirano a favorire l’inserimento nel mondo del lavoro, ma soprattutto nella società, va notato come l’attenzione per la qualità della vita dei pazienti occupi una posizione di assoluta centralità e rappresenti, quindi, un vantaggio considerevole per gli utenti della città, facendo di questa, come disse Allen Frances: <<il luogo migliore al mondo nel quale soffrire di un disturbo mentale>>.

Ritengo, infatti, che tutte le conquiste ottenute finora vadano poste sul piano dei diritti umani e non unicamente su quello della pratica medica. Per potere fare ciò, è necessario pensare a una politica a favore dei diritti umani, la cui visibilità perduri e sia messa al riparo dal passare nel tempo, e la cui rilevanza venga interiorizzata da tutta la cittadinanza.

Tuttavia, è impossibile trascurare un dettaglio significativo: la mancanza di risorse rispetto alla mole di lavoro che occorre svolgere giornalmente, soprattutto in termini di risorse umane. Questa condizione può tradursi in un sovraccarico di lavoro e sfinimento degli operatori coinvolti, e quindi ripercuotersi negativamente sul lavoro di interazione con l’altro.

Il rischio è evidente. La maggior parte delle persone che non sono direttamente o indirettamente coinvolte con il DSM ignorano l’importanza del suo operato, ignorano persino il retroterra storico e il ruolo di primissimo piano a livello mondiale. Questa mancanza di conoscenza può diventare il terreno fertile di paure e ostilità nei confronti, come in questo caso, degli utenti del DSM.

Il mancato coinvolgimento della società, a causa proprio di una diffusa inconsapevolezza, rende il sistema di salute mentale vulnerabilmente esposto a possibili interventi di ridistribuzione delle risorse, vale a dire ridimensionamento e tagli del bilancio, che si tradurrebbero in un progressivo retrocedere del lavoro svolto finora. Epiloghi di questo tipo, spesso frutto di scelte politiche miopi e poco interessate a finanziare un settore di fatto improduttivo della società, mettono a repentaglio la sostenibilità a lungo termine del progetto, poiché annichiliscono permanentemente la consapevolezza dei cittadini del domani riguardo alle implicazioni del sistema di salute mentale del FVG. 

Vorrei, perciò, avanzare una proposta legata all’utilizzo di un efficace strumento: la pubblicità. Informare in maniera massiva la popolazione dell’importanza storica della chiusura dei manicomi in Italia e del perché la difesa di queste conquiste equivale alla difesa dei diritti umani. Gli esempi che mi vengono in mente sono: i progetti educativi nelle scuole tedesche volti a fare conoscere ai bambini, già a partire dalla scuola dell’infanzia, che cosa è stato il nazismo e perché non deve più ripetersi; un lavoro simile viene fatto in Argentina riguardo all’ultima dittatura militare; o ancora, il lavoro di sensibilizzazione sociale che svolgono gli ebrei, all’interno della loro comunità, rispetto all’olocausto. Si potrebbero realizzare progetti in collaborazione tanto con le facoltà di scienze sociali e arte dell’Università così come con gli enti che si occupano della formazione dei docenti. Istituire nelle scuole almeno un giorno all’anno da dedicare alla commemorazione, combinandolo con campagne pubblicitarie destinate alla popolazione adulta, come già accade per le campagne antitabacco o quelle a favore del riciclaggio. Ancora una volta un alleato molto prezioso può essere l’università.

Il fatto stesso che già ora non vengano più offerti corsi di specializzazione qui a Trieste, stando a quello che ci è stato detto, rappresenta un ulteriore fattore di rischio per la salute del sistema. Come verranno formati i medici che lavoreranno a Trieste? Cosa sapranno e fino a che punto comprenderanno il sistema di salute e l’importanza di interiorizzarne i principi? Apparentemente già adesso accade che nel corso di laurea in psicologia non si avvii un dibattito su questo tema, il che mi porta a pensare che alla fine tutto si riduca alla convinzione militante di un gruppo d’eccezione.

Magari tra vent’anni si inizieranno a formare medici triestini che sceglieranno questa strada a partire dalla convinzione che il loro contributo possa essere davvero significativo.

La creazione di manicomi si basa sulla stigmatizzazione, su quell’immagine insopportabile e terribile del nostro fallimento come persone, come società. Il manicomio diventa, dunque, il tappeto sotto al quale nascondere la polvere che, altrimenti, sarebbe difficile da gestire.

A questa, si contrappone una visione diversa. La deistituzionalizzazione è un’alternativa, e il modo di intenderla, di approcciarsi a essa, deve trovare fondamento nella conoscenza della sofferenza delle persone. Il sapere scientifico utile a comprendere le ragioni biologiche delle patologie e, quindi, a trovare la terapia adeguata, così come la conoscenza strettamente umana che ci consente di rafforzare il rapporto di empatia con l’altro. A tale proposito, il DSM ha molti preziosi contributi da offrire, e soprattutto ha gli strumenti per unirsi al dibattito globale, che trova nel metodo scientifico le sue fondamenta. In che modo? L’incontro tra scienza di base e pratica territoriale con l’obiettivo di catapultare Trieste nel dibattito globale, a partire dalla medicina basata sull’evidenza. La qualità del lavoro svolta qui rispetto ad altre parti del mondo è considerevole. Può darsi che per molti questa considerazione risulti irrilevante, ma potrebbe non essere tale per coloro i quali un giorno avranno accesso a questo sapere, e che oggi non hanno ancora contezza della sua esistenza.

0 Commenti

Lascia una risposta

Il tuo indirizzo email non sarà pubblicato.

Questo sito usa Akismet per ridurre lo spam. Scopri come i tuoi dati vengono elaborati.